home Lenguas hemisféricas, Volumen 4 - Número 5 [4.5-13] Las rutas salvajes del Quijote | Juan Esteban Estrella

[4.5-13] Las rutas salvajes del Quijote | Juan Esteban Estrella

Por Juan Esteban Estrella

 

En un lugar de América, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero. Se dice que el hidalgo de la mancha renunció a la fama hace ya décadas atrás. Vive aislado del ruido, de la tecnología y todo aquello que estorbe su enfrascada lectura caballeresca. Escuché que en la Real Academia de la Lengua hablarían de aquel sujeto. Sé que debo asistir, al menos para encontrar rastros de su paradero. Se corrió el rumor de que aquel vivaz lector de libros de caballería se lo había visto en alguna parte. Sentí la obligación moral de buscarlo. Después de todo, se dice que la razón de la sinrazón de aquel caballero es algo necesario para cultivar la raza humana.

La Academia Ecuatoriana de la Lengua está ubicada en la Plazoleta de la Merced. Tomé la precaución de viajar con anticipación en mi flaco rocín: un Fiat Premio del 94. Y llegué con una hora antes. El aire del Centro Histórico huele a…. Al pasar por la Plaza Grande, me llamó la atención la cantidad de ancianos. Caballeros de tristes figuras, conglomerados frente a un monumento. Aglutinados como manada de observadores, una raza no tan común y en peligro de extinción: ancianos. Sentados esperan que se les pase su vida, o quizás, esperan que empiece. No me detuve, tenía que llegar a mi paradero.

Soy de aquellos que visitan el Centro Histórico frecuentemente, podría decirse que soy del grupo que va de oyente, de vez en cuando lo visito, jamás por un compromiso de por medio.

Llegué finalmente a la Plazoleta de la Merced. Vislumbré una edificación que contrastaba con el resto de coloniales edificios, todos carentes de mansardas. Contrastaba por lo simple y racional, sin gusto ni excentricidad. En letras negras –al igual que todos los locales de allí– resaltaba el nombre: Real Academia de la Lengua[1].

Mi primera impresión al ingresar fue en realidad una premonición: nuevamente me encontré con ancianos. Pero estos no eran iguales, eran elegantes, pulcros. No eran caballeros de tristes figuras, al menos con sus trajes –al igual que con sfumato en la pintura– se borraban las líneas. Más curioso aún, los presentes me saludaron. No me quedó otra opción, saludé cordialmente. Susana Cordero, la señora del vestido azul, me invitó a ingresar al auditorio. Tomé asiento y esperé que pase el tiempo. Ahora yo era el observador.

No conocía a nadie, todos me saludaron. Gente educada, que extraño. Ignoré la presencia del resto de invitados. Esperaba ansioso el momento en que se de inicio a la conferencia. No vaya a ser que por retrasarnos, el tal Don Quijote, se escape nuevamente.

La conferencia empezó a las 18:45, quince minutos tarde para los flamantes caballeros. Entre los presentes se encontraba Rodrigo Borja, ex presidente del Ecuador y Jaime Marchán, novelista y ex embajador ecuatoriano. Las dos personas que reconocía son figuras públicas, prefiero no reconocer a nadie más. Susana, la del vestido azul, empezó a leer un discurso a manera de introducción: los inicios de la lengua española[2]. Luego, uno de los presentes, leyó un poema dedicado al famoso hidalgo.

Para analizar al Quijote, mi estimado lector, debo introducirle lo siguiente…[3]

¿Por qué Don Quijote?

Julio Pazos, un caballero impecable, con su terno oscuro, corbata roja, no muy alto de estatura, pero de mirada firme; el culpable de que le acribille con estas lacónicas palabras recibió el micrófono y empezó a leer su discurso. Cabe recalcar que esa no fue su primera intervención, ya que previamente solicitó bajar el volumen de la música, pues no escuchaba el poema del anterior expositor.

Pazos se centró en ecuatorianos que escribieron sobre Don Quijote. Leyendas de un personaje que está entre la vida y la muerte. En el libro El Buscapié, Pazos comentó que el Quijote es una especie de discípulo de Platón, pero tiene características de una persona afilosofada con su cabalidad, fe y honestidad. Juan Montalvo inmortaliza a nuestro perdido héroe[4]. También habló sobre Isaac Barrera y su valoración[5].

Mientras Pazos continuaba leyendo su discurso, supervisaba que los presentes no decaigan por el arrullo de sus palabras.

El Caballero de la triste figura –Pazos citó a Benítez– siempre cayó en el nefasto error de ver el mundo desde su perspectiva, alzo a ver al público y dijo: “El Quijote es la extensión de la tragedia de querer realizar grandes fines con pocos medios”. ¿En qué consiste el idealismo de Don Quijote? En que su mundo ideal no concuerda con el de los otros. El hombre no puede ser condenado por alguien terrenal, por ello Don Quijote acude a la justicia divina. Don Quijote no ama a Dulcinea. Don Quijote ama a la idea del amor.

Pazos al finalizar su discurso, sonrío e instó a varios de sus invitados a mantener los párpados abiertos. Franklin Cepeda, el más joven de los expositores empezó su charla.

¿Dónde está Don Quijote?

Cepeda narró con exactitud las huellas del Quijote en América.

Se dice que Don Quijote vino en alguna embarcación, de manera anónima, alrededor de 1600. Y que se perdieron sus pasos en la independización de los países sudamericanos. Al momento en que quemaron las bibliotecas, quemaron sus huellas[6].

La conferencia acabó y me dejó muchas preguntas inciertas. En busca de respuestas pregunté a Hernán Rodríguez Casteló quién es Don Quijote en la realidad. Hernán es literato, escritor, e historiador de la literatura y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Me contestó: “Nosotros somos parte del mestizaje, en lo indio y lo hispánico, y por ello nos reconocemos con el Quijote. El Quijote ahonda en la problemática de su tiempo”. ¿Dónde está?

No conforme con aquella respuesta acudí a Rodrigo Borja, en un intento desesperado de hallar una respuesta me contestó: “Lamentablemente el mundo actual no tiene espacio para el Quijote. La revolución digital ha hecho una transformación estructural del mundo en todos sus aspectos. Yo veo muy difícil que haya quedado un pequeño pedestal para colocar al Quijote, con su idealismo y su forma de ser”.

“Y si este cuento no le cuadrare, dirasle, lector amigo, éste, que también es de loco y de perro”. (Cervantes, p. 545)

Así que, mi querido lector, pueda que esta historia haya sido una pérdida de tiempo, no encontré al valeroso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Sólo se que está perdido en la historia. Es un personaje viajante, errante. Pertenece a una tierra: España. Podría decirse que el Quijote es uno de los más grandes caníbales, arrasó con culturas enteras, instauró una nueva modalidad de vida: se burla de la cultura alta y la baja. Vive en un intermedio. Ecuatorianos en la actualidad se ocupan de él. El caballero de la triste figura no es americano, llegó como un conquistador a adaptarse a nuestras tierras y vino a desaparecer en ellas.

Bibliografía

Cervantes, M. Don Quijote de la Mancha. (F. Rico, Ed.) Madrid.

Jáuregui, C. (2008). Canibalia. Madrid: Iberoamericana.

Notas

[1] El tema central fue: el recorrido del Quijote por Ecuador. Los dos expositores fueron: Don Julio Pazos Barrera –académico de número – y Franklin Cepeda –primer editor del Quijote en Ecuador–.

[2] El español, según Susana, hace cerca de mil años, carecía de escritura y, por tanto, de normas. Comentó que la primera vez que se escribió en esta lengua fue por un monje culto, empleó la grafía latina. Previamente no existió un glosario alguno en romance. Las palabras que el monje tradujo fueron: palabras como incólumes ‘sanos y salvos’; prius, ‘antes’; subuertere, ‘trastornar’; admoneo, ‘castigo’; exteriores, ‘de fueras’; manifestant, ‘parescen’, entre otroas. Comentó que de prius proceden prioridad, prioritario y el recién aceptado priorizar; subuertere lleva al culto subvertir, ‘trastornar, destruir, especialmente en lo moral’; admoneo suena extraña, pero es muy cercana al español admonición: ‘amonestación, reconvención’. Exteriores, es ‘más afuera’ y manifiestan, ‘declarar, descubrir’ y, por supuesto, ‘parecer’, ‘aparecer’. (Cordero, 2015)

[3] “Les eché en cara esa costumbre; se tocaron la boca y la barriga, tal vez para indicar que los muertos también son alimento o -pero esto acaso es demasiado sutil- para que yo entendiera que todo lo que comemos es, a la larga, carne humana” (Jáuregui, 2008). Con esta frase de Borges, Jáuregui introduce al canibalismo. El término viene de Canibalia, el nombre con el que conocían a nuestra actual América. Era su modo de ver lo diferente, lo irracional. En la colonización, no sólo tomaron la tierra, devoraron la cultura, de allí la idea del canibalismo. Una metáfora de imposición.

Para entender a la cultura se debe considerar que hay dos caminos: lo civilizado vs. la barbarie. A lo civilizados corresponde lo racional, la cultura hegemónica o dominante. Se aprecia al arte desde la razón. Por otro lado, la barbarie. Entiéndase como lo irracional, es parte del folklore: del pueblo. Por lo tanto, la sociedad está definida en nobleza –cultura alta–, y pueblo –cultura popular– . Por ello surge, al igual que nuestro héroe, el carnaval.

El carnaval es una medida para girar el mundo, voltear los esquemas. A lo racional irracionalizarlo, y a lo irracional racionalizarlo. Don Quijote, un caballero, que en teoría es parte de la nobleza, con su locura calza perfecto con la cultura popular. Con un mundo al revés se genera una crítica a la estructura del mundo, a través del sarcasmo y la ironía.

[4] El Quijote representa la búsqueda del sentido en lo moderno. Pazos comentó acerca de Juan Montalvo y la continuación del Quijote. Montalvo escribió Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes. “Por ser semi-bárbaro y parte de un pueblo joven”. Se dice que nadie en España se ha atrevido a continuar la obra. Es curioso, los españoles fueron los caníbales de la cultura latinoamericana, pero Juan Montalvo, un bárbaro, canibalizó al Quijote.

Juan Montalvo adaptó al Quijote a un medio andino, a personajes políticos de la época. Juan Montalvo reclamó de la falta de adaptaciones del Quijote al quechua. Ahora ya existen.

[5] En palabras de Pazos, el autor se identificó con su héroe. Ridiculiza a sus enemigos. “Nunca confiar en los tribunales de los hombres”.

[6] Quemaron las primeras ediciones del libro en América.

 

 


(Foto de portada de artículo de  JamesHose. Tomada de: https://pixabay.com/es/molinos-de-viento-don-quijote-1924129/)

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