home Lenguas hemisféricas, Volumen 4 - Número 5 [4.5-10] Borges y su “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” | Yalilé Loaiza Ruiz

[4.5-10] Borges y su “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” | Yalilé Loaiza Ruiz

Por Yalilé Loaiza Ruiz

 

Borges nos dice: “Todos los hombres, en el veniginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare” (1982, p. 10). A esto se puede añadir: todos los seres humanos que conocen a Tlön, conocen a Jorge Luis Borges, al argentino que se convirtió en uno de los eruditos de la literatura. Con el uso de la realidad/ficción, el autor descubre ante el lector un nuevo mundo en su cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”: un planeta que es “un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres” (1982, p. 10).

El cuentista Borges presenta en sus historias un tópico central del cual se desprenden otros. A estos se los conoce como “tópicos borgeanos” que se destacan por lo siguiente:

  • “El momento o instante de definición en la vida de un hombre.

  • El carácter ilusorio de la realidad.

  • El laberinto.

  • La idea panteísta de que todo hombre es dos hombres.

  • El tema del coraje, y,

  • El mundo como sueño de alguien” (Pantoja, 2010, p. 103).

Sin lugar a duda, en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, se cumplen los factores mencionados. Es el caso del laberinto “urdido por hombres”, o de la definición de “todos los hombres… son el mismo hombre”, y, por, sobre todo, la idea de “el mundo como sueño de alguien” (1982, p. 10). Y es que Tlön es eso, el sueño de algunos. Es un planeta que “al principio se creyó que (…) era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional” (1982, p. 4). Ethan Weed describe aquello que el lector experimenta al leer el texto de Borges:

“El lector de ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’, de Jorge Luis Borges, no sabe qué hacer. Empieza a leer un cuento que trata de la investigación de un enigma. En la segunda parte del cuento, el tono cambia, y de pronto parece que está leyendo un texto filosófico. En la tercera parte, lee que lo que acaba de leer no era un cuento, sino un ‘artículo’. Esta tercera parte pretende ser una posdata al ‘artículo’ (aunque el lector que leyó́ este cuento en el año de su publicación habría notado que la posdata venía del futuro). Esta posdata supuestamente explica todo, pero hace lo contrario” (Weed, 2004, p. 21).

El uso de la realidad/ficción es algo que destaca en la obra. Borges empieza narrando el hallazgo de una enciclopedia, luego cita a amigos suyos que puede, y en otro momento ensaya a decir las palabras que están en el texto de la supuesta enciclopedia; este tipo de recursos sirven para que el lector crea, con mayor facilidad, una historia que, sin duda, es ficción.

Las citas durante todo el texto juegan un papel interesante. Dichas citas empiezan a la par que el cuento –recordaremos la cita que Bioy recuerda “mal”–. Weed explica el rol de las citas en general y en el texto de Borges:

“Mi hipótesis ha sido que la cita y la ambigüedad inherente a ella forman el núcleo de este cuento. Al ser citados, una palabra, una oración o un texto entero dejan de ser lo que eran, y se convierten en otra cosa. Citar un texto es trasladarlo de su contexto original a otro. De ahí́ proviene la ambigüedad de la cita, y al mismo tiempo hace posible su uso como elemento de una obra artística” (2004, p. 37)

Además de lo que Weed menciona, las citas aportan narrativamente a la historia a manera de subtexto. Gracias a la citación se pone en tela de duda aspectos ordinarios a los que estamos tan acostumbrados:

“Para comprobar la autenticidad del artículo, el narrador y sus amigos lanzan una investigación que consiste solamente en consultar libros: ‘En vano fatigamos atlas, catálogos, anuarios de sociedades geográficos, memorias de viajeros e historiadores: nadie había estado nunca en Uqbar’ (17-18). La implicación es que si algo no está en un libro, no existe. Esta actitud que tienen los personajes es al mismo tiempo ridícula y profunda: es ridículo pretender que la existencia de una cosa, una persona, un país dependa de su inclusión en un libro; al mismo tiempo, no podemos tener experiencia de todo el mundo: no tenemos otra opción que consultar la enciclopedia, la biblioteca, o sea: la representación del todo el mundo. Aquí́, en la primera parte del cuento, tenemos los dos temas que, según mi análisis, impulsan el cuento y crean su tensión: por un lado, los libros, los textos, son la autoridad última; por otro lado, todo texto es sospechoso” (Weed, 2004, p. 32).

En el texto observamos la sutileza de Borges al formular analogías, en ocasiones irónicas, para señalar actitudes, comportamientos, relaciones y acciones humanas –la amistad, por ejemplo–: “Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo” (Borges, 1982, p. 3). De igual forma se refiere a la literatura y manifiesta: “[En Tlön] es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un mismo autor, que es intemporal y es anónimo” (1982, p. 7)

Asimismo, Borges declara lo “idealista” de su prosa; lo escribe así: “Las naciones de ese planeta son – congénitamente– idealistas […]. El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes. Es sucesivo, temporal, no espacial” (Borges, 1982, p. 4). Algo similar menciona sobre la literatura de Tlön: “En la literatura de este hemisferio […] abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas” (1982, p. 4).

Lo interesante de Tlön es el uso del lenguaje. No es extraño que alguien que revolucionó la literatura haya creado un cuento como el ahora analizado. Borges escribe sobre el lenguaje de Tlön: “la célula primordial no es el verbo, sino el adjetivo monosílabo. El sustantivo se forma por acumulación de adjetivos” (1982, p. 4). Posteriormente, delineará el por qué del uso de la palabra: “recordarán que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves, miércoles, lluvia) solo tiene un valor metafórico” (1982, p. 6).

Pero más allá de comprender o no el mundo Tlön, de maravillarnos con la idea de ese nuevo planeta, de creer o no creer, de admirar lo que los hombres del cuento intentaron crear, podemos decir que Borges se salió una vez más con la suya y provocó que ingresemos en un laberinto del cual no queremos salir porque estamos tan entretenidos con sus letras que preferimos seguir caminando sin mucha esperanza de encontrar una salida. Lo único que nos queda es “que en Tlön el sujeto del conocimiento es uno y eterno” (Borges, 1982, p. 7) .

Bibliografía

Borges, J. L. (1982). Ficciones. Madrid: Alianza.

Pantoja, J. (2010, junio 23). El mundo como sueño o ilusión: “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y “Las ruinas circulares”. El Cuento en la Red, 103- 130.

Weed, E. (2004). Aspectos de la citación en: “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Variaciones Borges, 21- 42.

 


(Foto de portada de artículo de Free-Photos. Tomada de: https://pixabay.com/es/bodeg%C3%B3n-l%C3%A1mpara-luziluminaci%C3%B3n-690705/)

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