home Hallazgos, Volumen 4 - Número 5 [4.5-7] ¿Qué es lo verdaderamente importante? | Michelle Camila Herrera

[4.5-7] ¿Qué es lo verdaderamente importante? | Michelle Camila Herrera

Por Michelle Camila Herrera Herrera

 

¿Qué es lo verdaderamente importante? La globalización tecnológica ha traído serias consecuencias para el tejido humano. Todos somos vistos como iguales a través de los ojos de una dictadura del consumismo que, hoy por hoy, domina casi todos los espacios sociales. Es así como hemos llegado a un cierto estado de indiferencia. Vivimos en abstracto, en lo concreto, (que, desde mi punto de vista, no es un modo de vivir), pero que tenemos la posibilidad de no hacerlo.

La llegada de la tecnología ha representado un avance enorme que facilita la vida del hombre; no voy a desmerecerla de ninguna manera. En especial a las llamadas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, las cuales constituyen herramientas privilegiadas para el desarrollo de los individuos y de las sociedades al facilitar el manejo de información y transformarla en conocimiento. Mas considero que con el avance de la globalización tecnológica deberíamos establecer racionalmente un balance entre aquello que verdaderamente nos resulta útil.

Actualmente la población mundial es de más de 7 mil millones de habitantes, de los cuales más de 3 mil millones son usuarios de internet en diversos dispositivos electrónicos a los cuales tienen acceso, siendo Facebook la red social más usada con más de mil millones de usuarios. Lamentablemente las relaciones profundas no están ahí, porque no se han practicado adecuadamente, pues no se cuenta con los mecanismos para hacerlo.

Al presente tenemos la posibilidad de ponerle filtros a todo, principalmente porque buscamos la aceptación de nuestros semejantes. Pero no es culpa nuestra, tuvimos la suerte de ser una generación con una infinidad de información a la cual acceder en cualquier instante, pero con la imposibilidad de generar y mantener relaciones sociales directas, reales, cara a cara. Frente a ella, la única salida parece ser el aislamiento.

Muchos de los temas sociales ya no son de nuestro interés. Se han mediatizado las realidades sociales de muchas comunidades con un fin publicitario al parecer mayor que el humano. Y, a pesar de todo, la gente cree que es ella misma la fuente de sus propios intereses, que saben por qué piensan lo que piensan, por qué hacen lo que hacen, y por qué quieren lo que quieren. Y es precisamente en este gran cultivo de masas donde se presume que supuestamente ahora somos más libres que nunca.

De acuerdo con el escritor Simon Sinek, somos la generación más difícil de manejar. Se nos acusa de creernos narcisistas, egoístas, desenfocados, perezosos, con una multiplicidad de derechos. Se nos ha dicho que somos importantes todo el tiempo, que tendríamos todo lo que quisiéramos en la vida solo con desearlo, y muchas veces se nos han otorgado honores sin merecerlos. Pero al llegar al mundo real resulta que este no es aquello a lo que estábamos acostumbrados.

Hoy en día son tres las enfermedades que inconscientemente afligen al ser humano: la prisa, el éxito y el ruido.

Gracias a la prisa no nos detenemos. La gente va corriendo a todas partes, sin considerar muchas veces a dónde verdaderamente se está conduciendo. Vivimos en la época de la inmediatez ante lo cual no nos damos cuenta muchas veces de la importancia de luchar por algo, ser paciente y perseverante. Vemos la cima, más no la montaña. Somos la generación de la impaciencia, que creció en un mundo de recompensas instantáneas. Sin notar que las cosas que de verdad importan toman tiempo, y representa un trabajo constante para obtenerlo.

La vida se ha endurecido. Todo lo que se hace se lleva a cabo para ser el primero, el mejor, para estar por arriba de todos, para conseguir el éxito. Se entra en esta especie de competencia envidiosa con el otro donde ya no existen líderes sino jefes. Donde se desprecia muchas veces al compañero. Donde existe miedo a equivocarse. Donde el beneficio individual es más importante que el colectivo. Donde ceder una mano ya no está dentro de la agenda.

Finalmente aparece el ruido. Estamos bombardeados por un sinfín de personalidades, mercadotecnia y dispositivos electrónicos que muchas veces nos nublan la vista o nos presentan ficciones de la realidad. Gente acompañada a todas horas por una nueva extensión de su ser, por dispositivos que les dificulta relacionarse con otras personas.

Son enfermedades silenciosas. No nos damos cuenta que vivimos en la superficialidad. Perdemos humanidad. Y así el ego y la indiferencia se van convirtiendo en adorados héroes.

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de la Harvard acerca del desarrollo adulto, que tuvo una duración de 75 años (tal vez uno de los estudios más largos de la historia), midió qué hace a la gente verdaderamente feliz y saludable a lo largo de los años.

Los datos acerca de la verdadera felicidad y la satisfacción personal arrojaron que más del 80% de la generación del milenio cree que su meta más importante en la vida es hacerse ricos, y otro 50% de los mismos adultos jóvenes piensan que otra meta importante es ser famosos. Lo cual nos dice que los adultos jóvenes creen que la fama, la riqueza y lograr grades cosas es lo que necesitan para mantener una buena vida. Pero resulta que cuando estos jóvenes logran lo que se plantean, muchos de ellos aún no son felices.

Por otro lado, de los datos obtenidos de la gente de avanzada edad, perteneciente a la primera muestra, se concluyó que las personas con más vínculos sociales son las más sanas, felices y viven más que las personas con menos vínculos sociales.

Hoy por hoy, podemos estar solos en la multitud. La felicidad no tiene que ver con la cantidad de amigos o seguidores que tenemos en redes sociales, tampoco tiene que ver con que estemos en una posición relevante, lo importante está en la calidad de las relaciones más cercanas.

Las alternativas son infinitas, tan sencillo como pasar más tiempo con las personas en lugar de la pantalla, tan simple como que una buena vida se resuma en la construcción de buenas relaciones sociales. Caso contrario el panorama se vuelve desalentador. Habrá ganado esta esclavitud generalizada, inconsciente, en la que se vive hoy por hoy y que nos ancla a ciertas realidades obsoletas. Y la esclavitud seguirá siendo perfecta a condición de que el esclavo no se dé cuenta de su situación, y por lo tanto no se vea tentado a escapar.

Y aún ustedes se preguntan, ¿qué es lo verdaderamente importante?

 


(Foto de portada de artículo de Sven Lachmann. Tomada de: https://pixabay.com/es/la-naturaleza-invierno-3042751/)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *