home Textos piráticos, Volumen 4 - Número 6 [4.6-23] Vanessa | Isabela Sánchez

[4.6-23] Vanessa | Isabela Sánchez

Por Isabela Sánchez

 

No era tan tarde, probablemente las 9 de la noche. Pero aún así, la noche se encontraba más oscura que antes. Una temible niebla tapaba todo el vecindario y, probablemente, impedía cualquier iluminación de la luna esa noche. La pequeña Vanessa se encontraba en su cama. Sus muñecos, su mesita de té, sus peluches en el piso, nada podía ser visto en semejante oscuridad. Lo único que lograba ver, era lo que más deseaba ignorar. Había cerrado la ventana, revisando dos veces que el seguro seguía ahí. Pero era inútil, lo sabía, porque volvería de nuevo. Como preparándose, enrolló los deditos de sus pies lo más fuerte posible.

En seguida lo sintió. Empezó a gritar y a moverse, a hacer todo lo posible para alejar esa cosa de sus pies. Su papá entró al cuarto, casi tumbando la puerta. La cogió y empezó a sacudirla.

––¡Haz que paren papá! ¡Haz que paren!

Su papá no sabía cómo calmarla. Vanessa no paraba de gritar.

––¡Mis pies papá! ¡Mis pies! ¡Aléjalo de mis pies!

Bajó las sábanas, y su papá buscaba lo que podía estar molestando a su hija. Pero como había hecho todas las noches desde las últimas dos semanas, no había nada. Empezó una noche igual que esa. El padre de Vanessa nunca se había asustado tanto como cuando escuchó gritar a su hija, chillando horriblemente de dolor, exclamando que mil agujas le clavaban los pies. Después de calmarla, Vanessa había vuelto a dormir. Al día siguiente ocurrió lo mismo. Su papá revisó los pies de la niña. Nada. Después de que Vanessa había seguido así por tres días, la llevó al doctor. La revisó, y no detectó ninguna enfermedad en la niña, se encontraba totalmente saludable.

Pero Vanessa mucho antes de ir al hospital, sabía que no se trataba de una enfermedad. Ella sabía que no estaba sintiendo ningún dolor provocado por algún defecto de su cuerpo. Ella sabía que cada noche, estaba siendo víctima de alguna criatura de la oscuridad. Las primeras noches lo había visto entrar por la ventana, sin abrirla. No la traspasaba tampoco. No sabía lo que era, o por qué la atormentaba. Pero ahí estaba.

––¡Papá, por favor! ¡Está ahí! ¡Te lo suplico, detenlo! ¡Haz lo que sea!

Su papá desesperado, trataba de calmar a su hija, diciéndole que no había nada, que ya pasaría. Unos minutos después los gritos de Vanessa pararon. Se volvió a dormir, casi desmayándose. Su papá volvió a la cama.

La mañana siguiente era domingo, y se encontraban los dos desayunando en la mesa de la cocina.

—Mañana iremos al doctor. Esto no puede seguir así.

Vanessa solo se quedó mirando su plato, y cerró los ojos desesperanzada.

––Ya te lo he dicho y el doctor también, no tengo nada. No estoy enferma, es otra cosa.

––¿Qué cosa? —respondió su papá.

Vanessa suspiró.

––Viene todas las noches. No sé que es, o cómo logra entrar, pero entra por la ventana.

Su papá estaba cansado. Todas esas imaginaciones eran cosa de niños, pero tenía que hacer algo para que Vanessa pare de sufrir. Y era verdad, llevarla al doctor era una pérdida de tiempo.

––Ya veremos lo que podemos hacer.

Esa noche el papá de Vanessa se encontraba preparado para acudir a los gritos de su pequeña. Pero no hubo ningún ruido esa noche, ningún grito, ningún chillido. Se quedó dormido.

Al levantarse y ver la hora, se sorprendió. Eran las 7 de la mañana, ¡Vanessa no había sufrido esa noche! Fue corriendo a su cuarto, abrió la puerta y ahí estaba su hija, durmiendo plácidamente en la cama. Se sentó en el borde de la cama, y acarició su mejilla. Era un ángel. Estaba a punto de irse para dejarla que siga descansando, cuando algo llamó su atención. Gotas oscuras caían pausadamente del borde inferior de la cama, sobre un objeto plateado en el suelo. Era un cuchillo. En seguida alzó la sábana, y al ver lo que yacía frente a él, se tiró bruscamente para atrás, cayendo al suelo.

Ahí, al pie de la cama, se encontraban los pies de Vanessa desligados de su cuerpo. Sus deditos seguían enrollados, como si estuvieran defendiéndose de algo que nunca estuvo ahí.

 

 


(Foto de portada de artículo de Prawny. Tomada de: https://pixabay.com/es/ni%C3%B1o-ni%C3%B1os-kids-personas-la-vida-1099770/ )

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