home Lenguas hemisféricas, Volumen 4 - Número 6 [4.6-13] Observaciones de un Pobre Diablo | Juan Esteban Estrella

[4.6-13] Observaciones de un Pobre Diablo | Juan Esteban Estrella

Por Juan Esteban Estrella

 

Primer punto de ignorancia: no conozco “El Pobre Diablo”. Se dice que fue un bar al que asistían personas que superaban la mitad de su vida. Se dice que fue un bar parecido a una cantina bien decorada. Hace un tiempo, tentado por conocerlo, asistí a ese espacio, ya que Munn –una banda ecuatoriana– se presentaba allí.

Segundo punto de ignorancia: por su nombre, me pareció una típica banda hippie que expresaba algo del Universo. Al buscar sus canciones me encontré con su tema máximo: “Lo Infinito”. Jamás había escuchado a esa banda.

A mi llegada en aquel momento, encontré un puesto en primera fila. El lugar parecía el rescoldo de lo que engloba lo “alternativo”. Todos vestían igual: pelo largo, barba, ropa poco casual. Gente de buena presencia, pero descuidada. En realidad, ellos preferían verse descuidados.

Después de esperar media hora entraron los músicos. Eran –en cuanto a su estilo– una prolongación del público, pero más exagerado. Una gama de colores oscuros, varios pelos largos, y una vocalista que contrastaba con su baja estatura y su cabello corto. Un desgaje de mochileros argentinos en escenario andino.

Recuerdo que el guitarrista principal afinó su guitarra Gibson. Todos los músicos se ubicaron en sus lugares. El concierto empezó.

En un primer instante, me sentí parte de la escena de lo que muchos conocen como lo “independiente”. Las guitarras formaban una armonía perfecta, fusionada con la voz soprano de la vocalista, todo acompasado a ritmo de trip hop.

La voz se perdía en los instrumentos. Los coros eran tan repetitivos que era lo único fácil de asimilar. Es como si aquella música estuviera predeterminada a ser ambiental.

¿En qué momento la música pasó a crear ambientes?

Desde un contexto histórico –como planteó Walter Benjamin en La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica–, el arte se fundamentaba en el aura. La obra se presenta como testigo o documento vivo. El arte es un acto ritual y sagrado que trasciende a lo espiritual. De allí parte el concepto de unicidad de una obra de arte: el aquí y el ahora. El álbum que interpretó Munn aquella noche se denominaba AQUÍ/AHORA. Así es, fue interesante.

Al intermedio, sonó un discurso de Pepe Mujica –ex presidente uruguayo– sobre las contradicciones de la vida, de la sociedad de consumo y el engaño; acompañado de ciertos punteados al estilo soul en la guitarra. ¿Por qué una banda armonizaba el discurso de un político? ¿Es la política parte del entretenimiento? ¿Su discurso, sin el acompañamiento sonaba incompleto? ¿La música armonizaba a las palabras, o las palabras a la música? Una serie de incertidumbres, una serie de contradicciones. Quizás solo Mujica sabrá contestar estas cuestiones.

El arte, como plantea Benjamin, mantiene una estricta relación con la política. El arte, según Benjamin, siempre está en función del poder. El arte protesta o defiende al status quo. Brinda una postura respecto al mundo. El arte brinda una reflexión sobre la realidad y sobre la vida.

A veces cuesta admitir que uno se adapta a lo que le rodea. Con aquellas canciones, acompañadas de armonías electrónicas, un delay –aquellos ecos en las guitarras y la voz– que inmortaliza instantes. Si bien, el sonido era nítido, la música era difusa, turbia.

Tercera duda en mi ignorancia: Si bien, Munn se vale de la teoría para componer su música, ¿sus canciones son arte?

Sí, seguiré ignorante hasta que alguien me sepa contestar qué es arte…

 

 


 (Foto de portada de artículo de StockSnap. Tomada de: https://pixabay.com/es/ni%C3%B1os-r%C3%ADo-el-agua-el-ba%C3%B1o-1822704/)

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