home Lenguas hemisféricas, Volumen 4 - Número 6 [4.6-11] El Romanticismo, lo siniestro y “El hombre de la arena” | Yalilé Loaiza Ruiz

[4.6-11] El Romanticismo, lo siniestro y “El hombre de la arena” | Yalilé Loaiza Ruiz

Por Yalilé Loaiza Ruiz

 

Como contracorriente de la Ilustración, en Alemania, a finales del siglo XVIII, nace el Romanticismo, entendido como brindar a lo cotidiano “un sentido elevado, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito el brillo de lo infinito” (Plaza Santiago, 2002, p. 104). Como aquella nueva forma de arte no solo reservada para los eruditos sino entendible para el “disfrute popular” (Plaza Santiago, 2002, p. 104).

Los “románticos” buscan el sentido de identidad colectiva, expresada “a través de fervores patrióticos, de entusiasmos nacionalistas, fervorosamente seguidos, que, durante el último tercio del siglo XIX, fructificarán sobre todo en el nacimiento de Alemania e Italia” (Plaza Santiago, 2002, p. 100). Derivándose así en etnología.

Asimismo el romanticismo ha sido considerado como “una adolescencia colectiva del hombre occidental” (Plaza Santiago, 2002, p. 96) de la cual se desprenden los deseos de descubrir lo exótico y viajar, de recorrer el mundo; provocando que se dé “en el romanticismo un culto a lo exótico, a lo lejano en el tiempo o en el espacio, a los largos viajes, a las culturas orientales en las que parece haber perdurado esa espontaneidad” (Plaza Santiago, 2002, p. 101)

Una de las características de este movimiento es su visión idealizada de la Edad Media, resaltando en ella el arte gótico. Si bien es cierto, este enfoque nace como rechazo a los efectos de la Revolución Industrial.

La naturaleza, parte esencial para el hombre romántico, aparece ahora como aquella que muestra lo indefenso que puede ser el humano. Con esto resalta “la afición por lo catastrófico” (Plaza Santiago, 2002, p. 102). Surge con el romanticismo. “Hay una sensación compartida de impotencia, de pesimismo que explicaría una morbosa delectación en la decadencia, la enfermedad y la muerte” (Plaza Santiago, 2002, p. 103).

Asimismo, dentro de la producción artística, “es bien recibido todo aquello que tenga la capacidad de sorprender, de estimular la imaginación, de conducir la atención hacia un territorio vago y remoto, indefinible, siempre inconcluso” (Plaza Santiago, 2002, p. 102). Por tal razón, se elevó al artista a “superhombre” ya que dota de sentido a un mundo descentrado, donde las obras que este produce se deben netamente al misterio de la inspiración. Seguramente, esta ciega confianza en el artista se dio porque el hombre romántico está constantemente en conflicto con su entorno, donde sus aspiraciones se ven limitadas por las condiciones mezquinas que se le presentan.

Por su parte, Sigmund Freud, médico neurólogo austriaco de origen judío, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX, presenta la figura de lo siniestro como aquello que no es familiar para el hombre, provocando así situaciones repulsivas para quien atestigua lo siniestro. “Lo siniestro seria aquella suerte de espantoso que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás” (Freud, 1979, p. 2).

La definición anterior podría relacionarse con la fascinación por lo catastrófico, y se fundaría en el permanente conflicto del hombre romántico con un mundo que al parecer no tiene centro, por eso Freud menciona “cuanto más orientado esté un hombre en el mundo, tanto menos fácilmente las cosas y sucesos de este le producirán la impresión de lo siniestro” (Freud, 1979, p. 2).

En referencia al cuento “El hombre de Arena” de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, escritor, jurista, dibujante y caricaturista, pintor, cantante y compositor musical alemán, que participó activamente en el movimiento romántico de la literatura alemana; Freud sugiere que lo siniestro puede estar relacionado con sucesos de la niñez y con uno de los temores más grandes del ser humano: ser desprendido de sus ojos, es decir, estar ciego, por ende, estar desorientado.

Hoffman, en su cuento, nos presenta a Nataniel quien luego de sufrir sucesos espantosos en su niñez por culpa de Coppelius, un personaje estremecedor, vuelve a encontrarse con Coppola, alguien “similar” a Coppelius o como Nataniel decía: el mismo Coppelius, y, con esto siente una vez más lo siniestro. En la historia, Nataniel se enamora de una muñeca, Olimpia, y casi mata a Clara, su prometida.

Al ser parte del movimiento romántico, Hoffman, en su prosa, lleva lo siniestro la locura de Nataniel a un nivel imaginativo y un tanto fantástico, donde la sorpresa y el incentivo a imaginar son los invitados principales.

Es así que podemos sugerir que el romanticismo, con la movilización de las fuerzas sociales y su pluralidad de opciones pudo llegar a todos los campos (Plaza Santiago, 2002, p. 104) ofreciéndole al hombre romántico un enfoque distinto del entorno ordinario con el que estaba en conflicto, permitiéndole descubrir en ese caos lo excelso, lo bello y lo siniestro. Brindándole así “libertad, (…) frente a todo precepto” (Plaza Santiago, 2002)

Bibliografía

Freud, S. (1979). Lo Siniestro- 1919. Editor José Olañeta. Mallorca.

Hoffman. (1815). El hombre de la arena. In Hoffman, Cuadros Nocturnos (pp. 1-20).

Plaza Santigo, F. J. (2002). El movimiento romántico. Valladolid.

 


(Foto de portada de artículo de Wikimedia Commons. Tomada de: https://pixabay.com/es/ni%C3%B1os-r%C3%ADo-el-agua-el-ba%C3%B1o-1822704/)

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