home Hallazgos, Volumen 4 - Número 6 [4.6-5] Corrupción | Iván Rodrigo Mendizábal

[4.6-5] Corrupción | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

 

Con frecuencia oímos hablar de la corrupción. La palabra suena mucho en la televisión mientras se ven caras de políticos y de personas de gobierno. ¿Pero, qué es la corrupción?

Seguramente han visto que las frutas se pudren. O probablemente se han dado cuenta que la madera de los muebles de pronto se hace pedazos. En efecto, frutas o muebles, ambos se han deteriorado al cabo de un tiempo. Habría que decir que deterioro es la consecuencia de un proceso que han sufrido tanto las frutas como los muebles. De hecho, todo se deteriora, envejece, llega a un final. Pero de eso no estamos hablando acá, sino de lo que puede ayudar a que las cosas puedan deteriorarse incluso estando jóvenes y saludables.

La corrupción es algo que se da gracias a un agente. Las frutas se pudren más rápido si les ha entrado un agente. Lo mismo puede decirse de los muebles a punto de pulverizarse. El agente puede ser un gusano que se ha introducido en el cuerpo de la fruta, o es una termita que terminó alimentándose de la esencia de madera. Naturalmente ambos actuaron como parásitos cumpliendo sus propias funciones; pero es evidente que nos han perjudicado.

De los ejemplos debemos rescatar algo: que la corrupción es producto de algo. Y ese algo puede estar dado por factores como el dinero. Hay quienes se dejan tentar por el dinero; es decir, cuando están en ciertas situaciones, tratan de sacar provecho de su posición, ya que se fijan en su propio bienestar. Lo que les mueve es la ambición lo que hace que el alma se corrompa. Entonces, hay un agente externo, el dinero, y existe una debilidad, la ambición. Como en el caso de las frutas o de los muebles, ambos han sido mal cuidados.

Concentrémonos ahora en las frutas. Es evidente que un agente ha hecho que se pudran. Pensemos ahora en que una fruta podrida, al lado de otras, lleva a que estas también se pudran. Esto se puede aplicar a nuestra vida. Sin quererlo, muchos de nosotros nos dejamos contaminar, como las frutas, por agentes malos y por situaciones de corrupción externos.

Sin considerar las consecuencias de nuestras acciones, probablemente nos hemos sentido tentados a copiar en los exámenes, o permitimos a que un compañero o compañera del curso haga daño a alguien o al aula bajo el argumento que es solo una travesura. El copiar equivale a robar algo que no nos pertenece. Infelizmente hay personas que nos hacen creer que está bien copiar en la clase porque así se puede ir más rápido a jugar sin ningún problema. Pero en el fondo estamos aprovechándonos del esfuerzo de alguien. Copiar un examen, robar cualquier cosa, rayar las paredes con insultos, colarse en las filas, etc., todos pueden ser actos de corrupción en la medida que lo hacemos porque los demás lo ponen en práctica. Es como el caso de las frutas: basta una fruta corrompida para que otras se corrompan inmediatamente.

El tema clave de la corrupción, entonces, va más allá de los agentes que los ocasionan. También está en el contagio. El problema está en la actitud egoísta donde cada quien actúa en beneficio propio, sin ver que forma parte de una comunidad. Este egoísmo, además, conduce a que otros imiten las acciones corruptas sin preguntarse acerca de las consecuencias. Las relaciones afectan a los individuos y las familias, con el consecuente problema que prevalece una sensación de indiferencia a lo que podría ocasionar un solo acto en la vida de los demás. Al evidenciarse esto los individuos no se ven como personas sino como sujetos de algo en ejercicio de una parcela de poder. Se han dejado corromper por lo que les rodea, por el éxito próximo, por la ambición de la vida material, irrespetando no solo a los demás, sino igualmente a sí mismos. La cuestión es que, en definitiva, al haber abandonado la construcción de un proyecto ético propio, con los valores que lo sustentan, también han renunciado como personas. Esto nos lleva, finalmente, a la corrupción en la política: el campo político, el de las relaciones políticas entre individuos, entre entidades, entre naciones, finalmente deberían pasar por el tamiz de la ética, pero, como se percibe, en su seno hay alguna contaminación.

 

 


 (Foto de portada de artículo de Ivana Divišová. Tomada de: https://pixabay.com/es/ni%C3%B1os-r%C3%ADo-el-agua-el-ba%C3%B1o-1822704/)

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