home Mecánica del asombro, Volumen 4, Volumen 4 - Número 7 [4.7-1] Huellas anteriores y futuras de la sociedad de la información | Iván Rodrigo Mendizábal

[4.7-1] Huellas anteriores y futuras de la sociedad de la información | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

La sociedad de la información es el trasfondo de la película del alemán Werner Herzog, Lo and Behold: Reveries of the Connected World (2017), cuyo punto de partida es la primera conexión de internet, allá por 1969 en un laboratorio de la UCLA (Universidad de California de Los Ángeles).

Lo and Behold: Reveries of the Connected World es un documental testimonial. Es un trabajo que el benemérito cineasta Werner Herzog realiza, a modo de evaluar cómo las nuevas tecnologías tienen un papel protagónico en el mundo actual, mundo que le ha tocado acompañar desde la mirada cinematográfica.

Herzog, se conoce, fue una de las figuras representativas del llamado “Nuevo cine alemán”, en la década de 1960, coincidente con la renovación estética y narrativa que enfrentó el cine de la mano de varios directores jóvenes en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Es siempre recordado por obras como: Los enanos también nacieron pequeños (1970), Aguirre, la ira de Dios (1972), El enigma de Kaspar Hauser (1974), Nosferatu, el fantasma de la noche (1979), Fitzcarraldo (1982); y, en el terreno del documental: Mi enemigo íntimo (1999), Grizzly Man (2005) y, claro está, Lo and Behold: Reveries of the Connected World.

Este documental, en efecto, habla de un nuevo mundo que para Herzog inicia con internet. En 1969 en la UCLA se dice que nació internet con el intento de interconexión entre computadoras formando una red local; el proyecto tenía como mentor Leonard Kleinrock. Herzog, al inicio, nos envía al lugar, e hipotéticamente, al momento en el que se transmitió la primera señal que llegó solo hasta “Lo…”, cortando la palabra “Login”. Sucede que, aunque el intento de interconexión se haya cortado, el evento fue anotado como extraordinario. Y tal es el sentido del título, en su primera parte: Lo and Behold, que, aunque aluda a ese momento en el que se corta la señal, como si fuera el primer aliento de internet (y de la sociedad de la información que propulsa), también señala a una expresión de asombro o de sorpresa que es común en la jerga inglesa. Según el Diccionario de Cambridge (versión de internet), respecto a este término, se lee: “something that you say when you tell someone about something surprising that happened”. Una frase en castellano podría ser, para comprender a este término inglés: “¡Y quién lo iba a decir…!”. Si tomamos en cuenta esta frase, podríamos completar, diciendo: “!Y quién iba a decir que internet nacería vocalizando apenas dos letras…!”.

Herzog entonces hace hablar a la historia de internet y a la propia sociedad de la información en la que está inserta. Lo and Behold: Reveries of the Connected World tiene 10 segmentos. Entre ellos, están las bondades que ha posibilitado la red de redes: el que todos, por lo menos los que habitan en urbes, en redes interconectadas, puedan comunicarse simultáneamente. La sociedad de la información es eso: una red de interconexiones simultáneas, en tiempo presente, haciendo que todo se vuelva obsoleto en la misma medida que la comunicabilidad persiste. ¿Bondad es eso? Herzog no es tan entusiasta como los tecnófilos, pues, de pronto, equilibra la mirada exploratoria de las posibilidades de comunicación en redes, haciéndonos advertir las brechas o los huecos que abren las tecnologías: la memoria humana que se vuelve completamente frágil y vulnerable (por ejemplo, el sentido de la lectura se ha reducido, o se confía más en la capacidad de procesamiento de la información de las máquinas dejando sin efecto a la propia mente humana); por otro lado, aunque internet aproxime a familias que están a la distancia, mediante chats o conectividad con video online, también se presenta como el escenario donde todo se expone abiertamente y sin temor a que otros, los afectados, puedan verse peor de afectados en una situación expedita; o el hecho de que internet ha abierto la posibilidad de buscar comunicación con entidades extraterrestres, al mismo tiempo que hay cantidad de archivos y documentos que se ocultan en el secretismo más absoluto; en este último contexto, aparecen los hackers y sus “heroicas” acciones para romper los códigos y la información encubierta.

Curiosamente, tomando en cuenta lo último anotado, la sociedad de la información parece una sociedad abierta, una sociedad mucho más democrática, más transparente. Sin embargo, en medio de toda apertura, de ese democratismo, de esa transparencia, pareciera que hay menos libertad y más control. Mientras las ciudades tecnológicas celebran el futuro promisorio sembrado ahora no con el concreto o los edificios o las casas de familias, sino de flujos y de conexiones inalámbricas, de entornos virtuales, de atmósferas “más seguras” gracias a la vigilancia omnisciente, hay comunidades sociales que intentan volver al estado cero de la comunidad, reuniéndose, compartiendo, cantando, lejos del mundanal ruido o, mejor dicho, del mundanal tecnológico. Y el filme los muestra como hongos en un paraíso tecnológico que ha cubierto todo, donde incluso los monjes tibetanos, intentando usar celulares, parecen la paradoja del tiempo acelerado que imprime la sociedad de la información.

Herzog con su Lo and Behold: Reveries of the Connected World toma una posición no celebratoria, sino más bien crítica, entre el asombro y el pesimismo. Cuando pone en escena el proyecto de Elon Musk, el multimillonario que pretende establecer una colonia en Marte, también pone el dedo en la llaga: pues es como pretender expandir el proyecto de la sociedad de la información a un mundo otro, como si se tratase de implantarlo como semilla, pero la cuestión es: ¿se trata de llevar y establecer una colonia altamente tecnológica o una sociedad de seres humanos que, por milenios, tiene la misma ambición, los mismos problemas, los propios dilemas de la humanidad? El director alemán claramente parece ser un apocalíptico y eso es importante en Lo and Behold: Reveries of the Connected World, porque de lo que se trata es que no todo es color de rosa en la sociedad de la información. De ahí que, quizá el tono de la frase del título puede ser este: “¡Y quién iba a decir que, aunque vivamos en un mundo altamente mejor, una sociedad del bienestar, las incongruencias de la sociedad humana sigan persistiendo!”.

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(Foto de portada de artículo tomada de INDY Week: https://indyweek.com/downloads/12130/download/lo_and_behold_magnolia_pictures.jpe?cb=f4c957f9e7b68350f76f7ccc0e4b2b20&w=640)

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