home Lenguas hemisféricas, Volumen 2, Volumen 2 - Número 1 [2.1-11] El cuervo: la tentación vigilante | Maria Susana Roa Chejín

[2.1-11] El cuervo: la tentación vigilante | Maria Susana Roa Chejín

Por Susana Roa Chejín

El cuervo es un poema escrito por Edgar Allan Poe en 1845. Fue publicado por primera vez en el diario New York Evening Mirror en enero de ese año. El poema relata la historia del protagonista y su encuentro con un cuervo. Aquel hace alusión al luto que consume al personaje principal. Edgar Allan Poe es conocido por el uso de simbolismos, el cual ha jugado un papel importante en el éxito que alcanzó el escritor. Al leer este poema es evidente el tono oscuro que toma el escrito. Y surgen diferentes dudas con respecto a su significado. Me pregunto: ¿Es el cuervo el único llamado a la liberación de su trampa de tristeza? ¿O es simplemente un encuentro con su lado oscuro? Cualquiera de las dos opciones puede ser verdadera; sin embargo, es imposible negar que el poema atrapa al lector entre sus tejidos negros.

Las referencias a la oscuridad son fácilmente identificadas. Desde la primera línea ya se describe a la situación como lúgubre, gélida y triste. Se hace referencia a su situación emocional, su tristeza y cansancio evidentes. En el poema la voz poética dice que no encuentra nada que calme su dolor. La pérdida de su amada se ha apoderado de su mente y su corazón. Nublando sus sentidos, especialmente su percepción de la realidad. Se trataba de un sentimiento de pérdida con el que Poe se relacionaba intensamente, pues su esposa sufría de una larga y complicada enfermedad y falleció dos años después de la publicación del poema. El ambiente de oscuridad en el que se desarrolla la historia es similar a las tormentas internas del protagonista. Al ubicar al lector en una situación descrita de esa manera le crea confusión e inestabilidad, colocándolo perfectamente en la posición mental para aprovechar su creación.

En la primera estrofa dice que estaba inclinado sobre un raro libro de una olvidada ciencia, lo que puede hacer referencia a la inclinación por las artes oscuras. Probablemente era su única fuente de respuestas. Al involucrarse en este tipo de actividades llama la atención de los representantes de la oscuridad, el cuervo. La elección del ave no es al azar, se escogió uno que es habitualmente relacionado con la maldad y la tentación. Fenómenos a los que él hace referencia al preguntarse si es un “pájaro o demonio enviado por el Tentador” (Poe, 1845). Además describe a su hogar como marcado por el horror. El cuervo puede ser un símbolo de llamada del lado oscuro, una invitación a encontrar una cura para su dolor. Conjuntamente escribe a estos libros como los que pueden dar tregua a su dolor, en vano.

Otro de los aspectos notorios es el uso de paralelismo, repeticiones constantes de frases completas. Al repetir la frase: “Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar. Eso es todo, y nada más” (Poe, 1845). Intenta convencerse a sí mismo de la superficialidad de la situación, sin entrar en los detalles lúgubres de la situación. O probablemente es porque el autor trata de enfatizar en esta teoría. Puede que en realidad lo que el protagonista intenta decirnos al repetir esa posibilidad, es que es cierta. Es solo y visitante y nada más. Tal vez le estamos dando más significado a un pájaro de la que merece. Son construcciones literarias como esta las que confunden al lector y lo hacen dudar de su sanidad mental. Así se crea una doble lectura del hecho fantasioso y aparece la duda de si realmente sucedió (Todorov, 2006).

Edgar Allan Poe hace varias referencias a elementos sagrados. Cuando dice “espectros de brasas moribundas” una referencia potencial al infierno (Poe, 1845). Describe a su amada Leonora como una virgen radiante, para dale una relevancia sagrada. De hecho, el nombre Leonora hace referencia al amor a lo oculto. También perfila a cortinas rojas que crujen, cual si fueran las llamas del infierno; es un fuego que invita. Implora el perdón de un señor o señora. Y como respuesta recibe oscuridad y nada más, una negación a su perdón. Dice: “De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos” (Poe, 1845), al describir la imagen del cuervo y cómo este se le presenta. Un ángel negro que lo visita y le ofrece tentaciones irresistibles. El “pájaro de ébano” cambia su tristeza por una sonrisa; le ofrece otra oportunidad. ¿Una oportunidad de liberación? Probablemente. Le pregunta al cuervo si hay bálsamo en Galaad, anclándose al lugar citado constantemente en la Biblia y que entre sus múltiples significados tiene el describir un lugar frío o un dolor. Él se pregunta si hay algo que calme su dolor, el bálsamo de su Galaad.

La mitología también tiene importancia en sus descripciones. Especialmente con dos de los dioses principales de la mitología griega. Palas, es decir Atenea, la estatua en donde se posa el cuervo. Quien representa a la sabiduría, rasgo característico del protagonista. Esta conclusión es posible mediante las constantes menciones de libros y estudios. Atenea en este caso representa a su inteligencia y cómo esta se ve corrompida por la opción que ofrece el cuervo, la invitación a corromper su intelecto con la magia oscura. También menciona a Plutón, Hades en la mitología griega, el dios del Inframundo. El guardián de las almas, encargado de decidir donde pasarán la eternidad.

En conclusión, lo que hace la historia subyacente es describir el conflicto interno del poeta en la voz del narrador poético. Se trataría de una tensión entre su razón y sus pulsiones internas más poderosas. Lo que el cuervo representa es la tentación que corrompe su intelecto y contamina sus decisiones. Le ofrece una entrada al mundo oscuro que le dice que “nunca más” podrá separarse de esa imagen. Por otro lado, la tentación nunca se aleja de su puerta, por más que él intenta alejarla; el cuervo no se va, pues planea aprovecharse de su momento de debilidad emocional. Incluso él se pregunta si el cuervo también lo dejará, pues no quiere quedarse solo; aunque su única compañía sea el posible origen de sus problemas recurrentes. El personaje se queda atrapado en su nostalgia y ese es el infierno en su vida. Lo que vive a lo largo del poema son proyecciones de su trastorno interno. El cuervo es, en realidad, un símbolo del constante conflicto entre su inteligencia, representada por Atenea, y entre su crucifijo emocional, representado por Leonora.

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