home Hallazgos, Volumen 2, Volumen 2 - Número 2 [2.2-7] Testimonio | Teniente Coronel de Estado Mayor Marko G. Cevallos L.

[2.2-7] Testimonio | Teniente Coronel de Estado Mayor Marko G. Cevallos L.

El personal militar se encuentra desplegado en las provincias de Manabí y Esmeraldas principalmente. A mí me ubicaron en Portoviejo en coordinaciones de la Comandancia Oficial del Ejército. Estamos materializando centros de acopio de la ayuda entregada por las personas particulares y de las empresas públicas y privadas. Los daños varían de magnitud. Existen zonas completamente destruidas como el centro de Portoviejo, Bahía de Caráquez donde se debe derrumbar el 75% de los edificios; Manta también tiene daños de infraestructura pero en menor proporción. Sin embargo, de acuerdo a reportes existen fallas de construcción mucho más graves; consecuencia del material utilizado.

Nuestra labor es representar a la Dirección de Talento Humano del Ejército. Estamos aquí para controlar el registro de personal y su ubicación. Además, coordinamos con las entidades de estado para garantizar el bienestar de las familias militares que viven en los cuarteles de las provincias afectadas. Ya que trabajamos en la remoción de escombros, es necesario proporcionar a todo el personal las protecciones necesarias. Como las vacunas para prevenir posibles enfermedades.

Contamos con alrededor de 10 mil hombres distribuidos de acuerdo al análisis de los daños en los diferentes lugares. Además de la remoción de escombros; participamos en la búsqueda de heridos, recuperación de cuerpos, elaboración de kits de abastecimiento para los damnificados y la distribución de agua en los tanqueros. Proporcionando seguridad a los convoyes de distribución de ayuda humanitaria y patrullaje anti delincuencia en las ciudades afectadas con altos índices de delincuencia. Velamos siempre por el bienestar de los damnificados.

Es impresionante la fortaleza de la gente. Cada vez la situación empeora, la cantidad de víctimas aumenta y las condiciones de vida son más difíciles. Duele en el alma ver a las personas buscando los cuerpos de sus seres queridos y tratando de rescatar sus pertenencias. Creo que hay que agradecer a Dios estar al otro lado de la tragedia y estar ahora ayudando de la forma en la que nos sea posible, en lugar de estar sumido en la depresión y necesidad por haber perdido todo. Hay historias tristes a cualquier lado que mires. Padres que han perdido a sus hijos, huérfanos, personas sin absolutamente nada.

También se constatan historias impresionantes todos los días. Padres que son ejemplos de fortaleza para sus hijos, hermanos que se han convertido en cabeza de familia y muchas personas que se aferran a la vida y no pierden sus ganas de luchar. Se han rescatado heridos después de ocho días del sismo; por ejemplo, a una menor de seis meses se la localizó seis días después. Hace pocos días se encontró a una pareja con vida, gracias a una casualidad. Un hombre se tropezó y al caer al piso escuchó un grito bajo los escombros de una casa de tres pisos. Los rescatistas bolivianos trabajaron por sacar a las personas y sacaron a la pareja; sin embargo, no lograron salvar a una niña de seis años que no resistió la deshidratación. Otra historia milagrosa es de una menor encontrada en la parte posterior de una buseta, mientras que su madre al volante ya había fallecido.

Todos los días veo algo que me sorprende y me inspira a seguir ayudando a estas personas. Es gracias a las personas solidarias, empresas públicas y privadas, y especialmente a las Fuerzas Armadas por su entrega. Nos encontramos en las mismas condiciones precarias. No tenemos dónde dormir… pasamos hambre y sed. Sin embargo, el amor a nuestra profesión nos permite ser héroes pixelados. Siempre al servicio de la Patria. Solo esperamos que se nos reconozca el lugar que nos corresponde en la historia del Ecuador.

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