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[1.1-4] Guillermo Callejo: “Leer es vivir otras vidas” | Entrevista

Por Biblioteca de la Universidad de Navarra

Reproducimos el texto de una entrevista realizada al profesor Guillermo Callejo, por los responsables de la Biblioteca de la Universidad de Navarra, reproducido en su blog: Leyendo se entiende la gente, el 10 de enero de 2011.

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Entrevistamos en este nuevo año 2011 a Guillermo Callejo, licenciado en Filosofía y estudiante de Periodismo. Él pone voz en nuestro blog a nuestros alumnos lectores.

– ¿Desde cuándo estás enganchado a la lectura?

Desde pequeño. Con seis o siete años ya pasaba largos ratos leyendo en el coche, durante los viajes familiares. Empecé con los tradicionales del Barco de Vapor y poco a poco me atreví con otros más gruesos.

2ª- ¿Cuáles son los libros que te han marcado en la vida? ¿Algún autor o autores que te apasionen?

Hay muchos libros y autores significativos en mi vida. Recuerdo con claridad cuánto me impactaron y enseñaron, durante mi infancia, las obras completas de Agatha Christie, Julio Verne y Emilio Salgari.

Más tarde probé con algunos best-sellers de Stephen King y John Grisham. Finalmente, hacia el final de mi adolescencia, di con los autores que más me han entusiasmado, y que todavía me cautivan: Dostoievski, Tolstoi, Chéjov, Márai, Zweig, Kertész, Némirovsky.

– Como licenciado en Filosofía y estudiante de Periodismo ¿crees que los universitarios leen mucho, poco, bastante? ¿Qué argumentos les darías para engancharse a este placer?

Creo que, por lo general, no existe mucho hábito de lectura entre los alumnos. Pero es lógico: en la carrera tienen que leer y estudiar por deber, así que tienden (o tendemos) a hacer cualquier otra cosa en el tiempo libre.

Mi exhortación más encendida, porque pienso que es la más eficaz y realista, resulta aparentemente sencilla: leer diez o quince minutos antes de acostarse. Ni más ni menos, pero todos los días.

Y otra recomendación: si no te gustan las quince primeras páginas de un libro, deshazte de él. No hay mayor pérdida de tiempo que forzarse a leer algo que no atrae ni engancha.

– ¿Crees que la lectura crea vínculos entre los lectores? ¿Comentas los libros leídos con otros amigos lectores?

Sí, sin duda crea incontables vínculos. La experiencia de descubrir que a un compañero le fascina un mismo escritor que a ti también te quita el sueño, es gratificante. Uno siente que su fascinación tiene más sentido.

– ¿En este último año nos puedes decir los libros que has leído?

Aparte de los de la carrera, en los últimos meses me he leído La busca, de Pío Baroja; Memorias de una geisha, de Arthur Golden; Nueve cuentos, de J.D. Salinger; Entre visillos, de Carmen Martín Gaite; La mujer nueva, de Carmen Laforet; Pepa Niebla, de Torcuato Luca de Tena; Cuando éramos honrados mercenarios, de Arturo Pérez-Reverte; El ardor de la sangre, de Irène Némirovsky; Estupor y temblores, de Amèlie Nothomb; Instrucciones para salvar el mundo, de Rosa Montero; Historia de un matrimonio, de Jaime Peñafiel; Mendel el de los libros, de Stephan Zweig; Diario de un escritor, de F.M. Dostoievski; Romeo y Julieta y Hamlet, de Shakespeare. Quizá me deje alguno, pero ahí están los más importantes.

-Como joven de esta generación digital ¿utilizas las redes sociales también para intercambiar lecturas?

No, no suelo hablar pormenorizadamente de libros por la red. Me parece que la conversación es la mejor receta para contagiar el entusiasmo por una obra. Pero con frecuencia sí apunto lecturas que recomiendan en las páginas web, o sugiero títulos sabrosos a amigos míos.

– El año pasado estuviste de Erasmus en México ¿allí los estudiantes, según pudiste experimentar, tienen el hábito lector?

No. En Latinoamérica el hábito de lectura está menos expandido que en Europa, creo. Allí la gente tiende a ser más extrovertida. Son más amigos de las conversaciones y de las fiestas. Eso sí, curiosamente, México ha regalado al mundo grandes escritores, también actuales.

-¿Conoces la sección de la Biblioteca PLC, Para Leer en Casa, existente tanto en Ciencias como en Humanidades? ¿Qué sugerencias harías a la Biblioteca para esta sección?

Sí, por suerte la conozco desde que llegué a la Universidad. Se nota que va creciendo en volumen con el paso de los años, lo cual es muy positivo. La literatura es quizá la lectura más agradable. Nunca defrauda. Pienso que no existe ninguna persona a la que no le guste ningún género literario.

En mi opinión, habría que alargar todavía más el periodo de préstamo: dos meses, por ejemplo. Tal vez, eso facilitaría llevarse los ejemplares consigo durante las vacaciones de verano.

-¿Para ti la lectura es placer, necesidad, ocio o vida? ¿Cómo eliges tus lecturas?

Es las cuatro cosas a la vez. Bueno, y también una pasión. Conforme pasan los años, encuentro más necesario leer. Puedo asegurar que siento cómo se refresca mi cabeza cuando paso las páginas de un buen título. Por eso las frases de los grandes escritores no se me antojan exageradas: “El tiempo para amar, al igual que el tiempo para leer, dilata el tiempo para vivir”, dice Danniel Pennac en Como una novela. O Pedro Salinas: “Leer es vivirse reviviendo”. O Borges: “Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”.

En cuanto a mi criterio para las lecturas, confieso que no es muy riguroso. No estoy cerrado a ningún género y suelo hojear las lecturas que aconsejan en los suplementos culturales de los periódicos y las de la revista de TROA. Además, en cuanto un autor me llama la atención con una obra suya –por anodina que sea-, me gusta profundizar en toda su bibliografía.

10ª-Un libro para regalar y otro para que te regalen

Para regalar, La muerte de Iván Illich de León Tolstoi y para que me regalen,  A sangre fría de Truman Capote.

11ª– ¿Los blogs pueden favorecer el fomento de la lectura?

Sí, sí pueden, sin duda, porque a fin de cuentas contienen las impresiones literarias de muchos jóvenes ávidos de compartir experiencias.

Este blog Leyendo se entiende  la gente, me parece formidable. Sólo su título avanza una idea que comparto absolutamente: leer es vivir otras vidas, ponerse en la mente de otra persona –al menos en la del autor-. Y eso instruye, porque permite descubrir nuevas facetas de la condición humana.

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